Mario Valdivia

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  ¿Inicio del fin de una crisis o inicio del fin de una era?

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Hay dos aburrimientos, descubrió el endemoniado de Chillán.

Enviado por Mario Valdivia el 28/12/2005 a las 10:36
Mario Valdivia
Se le acercó su amigo el zombi a discutir sobre el aburrimiento. Le dijo: endemoniado, no entiendo por qué tu dices que el aburrido vive como si su vida hubiera sido ordenada por otros. Suspiró el de Chillán y dijo: te encuentras interesado y afanado en tus proyectos y acciones, hasta que, por alguna contingencia de la vida, esos proyectos y acciones se ven interrumpidos temporalmente y te encuentras en una situación en la que no puedes hacer nada por ellos, salvo esperar a que la situación de interrupción termine - una sala de espera, un aeropuerto, una tormenta que te aisla, son ejemplos -, entonces te aburres. Por supuesto, comentó el zombi, me aburro si no hay nada que hacer, nada que me interese; y no me aburro si encuentro que tengo cosas que hacer que me interesan. ¿Y quien le da interés a las cosas y proyectos que te interesan?, pregunto el endemoniado; obviamente yo mismo, dijo el otro. Y si tú declaras desde ti mismo el valor que le darás a las cosas y el interés que te merecerán determinados proyectos, ¿por qué olvidas eso cuando te encuentras aburrido, declaras que no hay nada interesante que hacer -echándole la culpa al mundo por su falta de interés - y olvidas que tú has sido desde el inicio el origen de tus propios intereses? Se ensimismó el zombi. Dijo: es que tal vez nunca declaré mis propios afanes ni el peso de interés y significación que yo le asignaría a las cosas, sino que simplemente me encuentro sumándome a las obligaciones y afanes que estaban disponibles para mi o para personas como yo. A eso me refiero, dijo el endemoniado, a eso me refiero: nos aburrimos cuando vemos interrumpido el fluir de los afanes y proyectos que nos poseen. Y sólo esperamos recuperar la posibildad de afanarnos y ocuparnos en tareas y proyectos que quizás nunca hemos sabido por qué nos interesan.

Volvió a la carga el zombi diciendo: ¿y el aburrimiento que no es transitorio, que no depende de no poder - transitoriamente - dedicarnos a nuestras ocupaciones regulares? Quizás ése es un aburrimiento distinto -respondió el endemoniado -, creo que el aburrrido permanente no logra encontrar nada de qué declararse interesado, nada a qué le encuentre sentido. Por lo menos, éste no se traga el cuento que los proyectos que la vida le pone por delante deban ser suyos por el solo hecho que los hizo suyos, no se distrae. No se compra así no más las metas y afanes, y criterios de éxito y fracaso que la sociedad le ofrece ya armaditos para su consumo. Este aburrimiento es peor, dijo el zombi, seguramente el que lo sufre no tiene consuelo alguno, al menos el otro aburrido espera que luego regresen los intereses de sus ocupaciones regulares nuevamente. Éste no espera nada. Asintó el endemoniado: pero tal vez por lo mismo, porque no se seduce con la distracción de los afanes que ya están disponibles, se encuentra más cerca de la posibilidad de encontarse cara a cara con la necesidad de declarar sus propios afanes y apropiarse de su individual vida.

Entonces, hay dos aburrimientos, dijo el zombi. Uno, al que tememos y del que huimos buscando los afanes que derivan de tener qué hacer - que incluye tener en qué entretenernos en los resquicios entre ocupación y ocupación. Y otro del que sabemos que, como posibilidad, no desaparecerá nunca completamente, que no encontrará remedio en ninguna distracción ni entretención, pero al que no tememos porque sabemos que equivale a la posibilidad de declarar el sentido que le daremos a nuestra vida.

Puede que así sea, le dijo el endemoniado. El zombi lo miró, inicialmente irritado: no se le pasaba el hábito de buscar en todo la presencia de verdades indudables. Pero luego pareció aliviado; se observaba, aunque todavía tarde, lanzado a los comportamientos que lo poseían y que lo hacían ser el zombi que era.  Y esto lo hacía ser un poco menos zombi que antes. 

Aburrirse, según el endemoniado de Chillán

Enviado por Mario Valdivia el 20/12/2005 a las 18:12
Mario Valdivia
Mucha  gente importante se ha preocupado del aburrimiento, descubrió el endemoniado a los pocos minutos de buscar en la red en el Infocentro Municipal. También descubrió cantidad de opiniones y definiciones personales  de aburrimiento. Parece que el aburrirse si que es algo extendido, reflexionó.

Si un mínimo de interés - incluyendo interesarse en el aburrimiento mismo - destruye el aburrimiento, quiere decir que el aburrimiento es el des-interés. Se sintió seguro de esto. (Tan seguro que casi se aburrió). Continuó con la preguntas: ¿cómo es posible el des-interés? Seguramente en medio de la guerra, el peligro o el hambre, aburrirse no es posible. Tales situaciones proveen  sus propio intereses: hay preocupaciones que cuidar, hay motivos de sobra para la acción.  ¿Cómo y cuándo ocurre entonces que desaparecen las preocupaciones? Esto sumó al endemoniado en reflexiones de hondura tan penetrante que levitó largas horas sobre las aguas del rio Itata, provocando el espanto incrédulo de los paisanos y la desorientación irritada de las garzas que cruzaban migrando sin novedad hacia el sur. ¿Cómo pasa que desaparecen las preocupaciones y por qué esto, que parecería el mismísimo reino de Jauja, produce en cambio aburrimiento? Aún más alto se elevó por los encumbrados aires.

Imagino una posibilidad dijo: si todo estuviera seguro, controlado y pre-establecido nada habría de qué preocuparse y nos aburriríamos. A lo mejor por eso el mundo moderno -que tan bien ha conseguido hacernos creer que podemos asegurarnos frente a todo- es un mundo tan necesitado de entretención.

Mejor recuerdo mis propios aburrimientos, pensó posándose entre el frescor de unos mimbres. Puedo recordar situaciones recientes en las cuales me he aburrido por un lapso de tiempo, pensó. Situaciones en las cuales me he encontrado a la espera, sintindo que no puedo hacer nada más que esperar. No hay preocupaciones, no aparece nada - fuera de esperar - que pueda concitar nuestro interés. ¿Y qué aparece a la espera, qué esperamos? Bueno, recordó de sus propias experiencias de aburrimiento, esperamos que lleguen las preocupaciones normales de nuestra vida que sabemos llegarán nuevamente en cuanto se termine la situación que nos obliga a esperarlas. O sea, que si por alguna razón se interrumpe el curso de nuestra vida con sus preocupaciones ya establecidas, y no sentimos que queda nada que hacer más que esperar, nos aburrimos. (Recordó una larga espera de un lanchón en Chiloé y el desasosiego del aburrimiento).

O sea, al aburrido que espera, el futuro se le aparece como la expectativa de des-aburrimiento e interés. Y las tareas y proyectos del futuro adquieren peso y traen preocupaciones.¿Y quién le ha dado ese peso? ¿Quién ha declarado estas preocupaciones? Seguramente no podemos ser nosotros mismos, porque entonces ¿cómo no recordar al aburrirnos por falta de preocupaciones- que nosotros mismos hemos inventado nuestras preocupaciones? O sea, ¡vivimos nuestras preocupaciones como si hubieran sido impuestas por otros! Extraños seres somos los humanos suspiró el endemoniado. Olvidamos que somos el origen de nuestros propios afanes. Por eso la ansiedad del desasosiego del aburrimiento cuando, en ausencia de intereses que vengan "de fuera", nos encontramos cara a cara con nosotros mismos y nuestra incapacidad de declarar nuestra propia vida. Así, mejor sentirnos permanentemente ocupados.

Dicho esto, salió como de un trance entre luminoso y oscuro, como la luminosa oscuridad de antes cuando no habían ampolletas, y se fue en busca de algo que le quitara la sed y el frio.


  

Aburrrimiento y aprendizaje.

Enviado por Mario Valdivia el 19/12/2005 a las 18:51
Mario Valdivia
Aburrirse parece consistir en encontrarnos en situaciones en las que nada nos interesa, situaciones marcadas por el des-interés. P. ej., nos encontramos en una estación de ferrocarril a la espera de un tren atrasado. No hay nada que nos interese, nada que nos lleve a actuar, ¡no encontramos nada que hacer! Solamente nos queda esperar que el tiempo pase y puedan llegar las situaciones agendadas en el futuro que si non interesan. Tal vez nuestras tareas habituales, o alguna situación particular que nos preocupa y que no vemos cómo hacer -en la sala de espera del ferrocarril - para que llegue. O quizás vamos a un compromiso social por obligación, nadie nos interesa, las conversaciones en las que intentamos participar nos aburren: nada de estas personas nos interesa. No encontramos nada que hacer con ellas, solo nos queda esperar que todo termine pronto para regresar a situaciones que si nos interesan. En el intertanto, nos invade el desasosiego, ansiosamente buscamos - sin encontrar - salida alguna al aburrimiento, el tiempo se alarga y nos llenamos de impaciencia.

Aburrirse en una situación de aprendizaje impide aprender. El des-interés cierra todas las posibilidades de aprender. Lo primero para permitir el aprendizaje es hacer relevante las posibilidades de aprender al aprendiz. Éste necesita percibir por qué aprender puede ser algo que le interese, que le ayude con sus preocupaciones. Mientras más claramente se conecte lo que se aprende con las preocupaciones del estudiante, mejor. Quizás si lo más adecuado es interpretar la enseñanza como una promesa hecha al estudiante, promesa en la que nos comprometemos a que el estudiante aprenderá a lidiar de nuevas maneras con algunas de sus preocupaciones, cuando menos que se le abrirán nuevas posibilidades de interpretarlas, y por ende, puede cuando menos imaginar nuevas maneras de hacerse cargo de ellas. Nuestras prácticas pedagógicas son bien malas en esto, basándose más bien en la pura autoridad de los profesores: ¡hay que aprender esto porque el profesor o los programas lo exigen!

Lo mismo vale si somos nosotros quienes queremos aprender. Debemos despertar nuestro interés por lo que aprendemos, declarando las preocupaciones que nos comprometemos a aprender a cuidar mejor como propósito central del aprendizaje.

El endemoniado aburrido

Enviado por Mario Valdivia el 16/12/2005 a las 10:12
Mario Valdivia
Aburrido estuvo el endemoniado durante un largo tiempo. Intentó leer en la biblioteca municipal, pero ningún libro logró sacarlo de su ánimo aburrido. Tampoco consiguió nada durmiendo varios días seguidos a la sombra de los tilos de la plaza: despertó igual. Conversar con la gente en la feria resultó peor: los encontró fatalmente aburridores. Sus amigos, el zombi y el hambriento, lo rehuían por temor a contagiarse de lata con tanta lata: veían con temor los estragos que había hecho el aburrimiento con él y ponían distancia.

Empezó a salir de su aburrimiento un día que inesperadamente se empezó a interesar por él. Empezó a notar a qué horas y en qué situaciones se ponía peor o se aliviaba levemente. (La hora de almuerzo, rodeado de manjares y mostos lugareños, era siempre uno de esos bienvenidos relativos remansos de alivio). También comenzó a prestar atención a las particulares sensaciones corporales que acompañaban su aburrimiento: un desasosiego general imposible de controlar, posturas que no encuentran el reposo, inusitada liviandad de sus miembros, des-enfoque de las conversaciones automáticas que lo poseían, una suerte de vacío pesado en el estómago que parecía hacerle subir el pulso y bajar la presión al mismo tiempo. De pronto se notó des-aburrido interesado en su aburrimiento. ¡El aburrido sale de su aburrimiento si se interesa en su aburrimiento!, pensó con sorpresa.

El endemoniado sintió que había descubierto un santo remedio. De allí en adelante, cada vez que el aburrimiento golpeaba a la puerta de sus estados de ánimo, focalizaba su interés en él. Salió de su aburrimiento sintiendo que no sabía nada del aburrimiento, y muy interesado en él y el origen de su fuerza obscura.

¿Por qué nos aburrimos?

Enviado por Mario Valdivia el 13/12/2005 a las 14:19
Mario Valdivia
Me doy cuenta que esta emoción está muy presente en nuestro aprender. Especialmente nuestro hijos reportan no poder trabajar en sus deberes escolares-tareas, lecturas etc.- por aburrimiento. También, muchos estudiantes (¿la mayor parte de ellos?) dicen que su emoción dominante en la sala de clases es el aburrimiento. Hoy, a los jóvenes normalmente les aburre leer. ¿No hay también un estado de ánimo de posibilidad de aburrimiento siempre presente? ¿No andamos siempre preocupados de no aburrirnos? Aburrirnos parece un peligro siempre al acecho. Y cuando nos aburrimos, no reclamamos contra nosotros mismos, sino que culpamos al mundo o a otros en el mundo de "aburridos". O sea, hay que tomarse más en serio el aburrimiento. ¿Por qué nos aburrimos? ¿Cuándo nos aburrimos? ¿Por qué es posible aburrirse? ¿En qué consiste el aburrimiento? Invito a comentar y responder estas preguntas y des-aburrirnos con el aburrimiento.

Reinterpretando la conducta de consumir.

Enviado por Mario Valdivia el 13/12/2005 a las 13:51
Mario Valdivia
Como parte del trabajo que realizo en el Magister del Consumidor en la Universidad Adolfo Ibáñez, he escrito un documento donde articulo bases para reinterpretar el consumo como comportamiento humano fundamental en el mundo de hoy. Mientras que en la interpretación habitual, el consumo aparece como una conducta de tipo naturalista (satisfacer deseos) de un agente humano abstracto (en cualquier tiempo y lugar), el consumo se reinterpreta aquí como conducta de un agente humano situado históricamente que construye una identidad mientras busca darle sentido a su existencia. Para el interesado o interesada, recomiendo este documento -"Consumir"-, archivado en la Sección Biblioteca de este blog. Si hay ánimos de comentar en cualquier sentido, tanto mejor y ¡agradecido de antemano!
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El desaliento como estado de ánimo que impide aprender

Enviado por Mario Valdivia el 09/12/2005 a las 18:24
Mario Valdivia

El desaliento ha sido señalado en muchos comentarios como algo que nos impide aprender. Interpretemos el desaliento como un estado de ánimo que nos embarga y que nos hace relacionarnos con nosotros mismos y con nuestro mundo desde la resignación. Hay algo que interpretamos como incambiable en nosotros mismos y en el mundo en que nos ha tocado vivir; es algo que nos resulta negativo, frente a lo cual no podemos abrir posibilidades nuevas y distintas. Nos sentimos condenados a futuro a vivir en este estado negativo.  

Si esto que se nos aparece como algo insatisfactorio en nosotros y nuestra vida es algo que de alguna manera es un componente constitutivo de nuestra identidad, de quienes somos, nos encontramos en una situación de desaliento. Estamos en un estado de resignación ante el futuro: hagamos lo que hagamos, el ser insatisfactorio que somos se mantendrá igual, incambiable. Frente a esto, nada de lo que podamos hacer vale realmente la pena; al final todo seguirá siendo igual.

Se me ocurren un par de situaciones características de desaliento. Típicamente ocurren cuando nos embarga la interpretación que somos personas de poco valor. P ej., podemos vivir en la interpretación que somos personas "poco atractivas". Si esta interpretación nos posee, haciéndonos creer que esto no puede ser corregido,  - nos decimos que no se puede aprender a ser atractiva/o - nos resignamos y caemos en el desaliento de que nada de lo que hagamos, incluyendo aprender cualquier cosa, va a cambiar esta situación que, en el fondo, es la única que nos importa. No encontraremos  la fuerza emocional necesaria para perseverar, condición necesaria para aprender cualquier cosa.

Otro caso típico de desaliento comienza con el miedo. Miedo que nos hace poco competentes para aprender, nos hace alejarnos de las ocasiones de aprendizaje y nos lleva a la larga a convencernos derecha y simplemente de que no podemos aprender. Que somos personas que tenemos una "incapacidad para aprender". Quizás un par de experiencias fallidas -a lo mejor tempranas en nuestra vida- nos gatillaron esta interpretación. Nos posee la interpretación que hay algo irreparable en nosotros que nos impide aprender realmente. Estamos de nuevo en una situación de resignación y desaliento frente a la persona que somos. Ciertamente no querremos proponernos aprender, ni ponernos en situaciones de aprendizaje,  porque ya sabemos anticipadamente que no aprenderemos. Obviamente este estado de ánimo nos impide aprender y significa una suerte de derrota anticipada.

El desaliento no lo interpretamos como una emoción que nos embarga frente a una determinada situación. Lo estamos interpetando como un estado de ánimo que nos posee en general en la totalidad de situaciones que enfrentamos, y que acarreamos con nosotros en todas las situaciones en las que participamos. Un cambio de este estado de ánimo de desaliento es fundamental para abrirnos a la posibilidad de aprender. 

El aburrimiento es otra emoción que impide aprender

Enviado por Mario Valdivia el 09/12/2005 a las 18:23
Mario Valdivia

Por experiencia propia, el miedo a no (poder) aprender se nos aparece a todos como una fuerza destructiva de la posibilidad de aprender. Para mirar el miedo desde otros ángulos, tal vez más amplios, recomiendo algunos posts anteriores en este blog.

¿Qué otras emociones fuera del miedo nos cierran las posibilidades de aprender? Quiero destacar la emoción de aburrimiento. Nos aburre el mundo, los seres humanos con los que interactuamos, las situaciones que compartimos con otros, nos aburrimos de nosotros mismos si no tenemos algo interesante o entretenido que hacer. Normalmente diremos que nos aburren las situaciones que se repiten, en las que no hay nada nuevo, o en las que no veo qué tienen que ver con mi vida y con las preocupaciones que realmente me conciernen. No les veo más sentido que esperar a que pasen.

Los jóvenes se aburren en las clases del colegio y de la universidad: dicen que no ven qué relevancia puede tener lo que tienen que aprender para su vida concreta.  Enfrentan problemas con la autoridad paterna y nadie habla de eso, enfrentan el reto de ser personas originales y cool en sus grupos sociales y nadie enseña eso, mucho de lo que reciben como enseñanza lo encuentran mejor en la internet, no ven para qué deben aprender fórmulas y procedimientos matemáticos cuando las económicas caluladoras de bolsillo hacen todo eso automáticamente sin errores, etc.  

Nos aburrimos cuando enfrentamos situaciones en las que no encontramos nada que hacer. La vida parece interrumpir su curso de actividades en las que nos encontramos ocupados cuidando de nuestras preocupaciones y llevando adelante nuestros proyectos y nos enfrenta a situaciones donde no hay nada que hacer, salvo esperar a que pase el tiempo y podamos recuperar el curso de nuestras ocupaciones habituales. Si nos aburre una situación de aprendizaje con seguridad no aprenderemos porque no engancharemos con las prácticas que el aprendizaje requiere. Así, no hacemos las tareas porque nos aburren; buscamos la manera de evitar las situaciones de aprendizaje porque nos aburren; etc.

Posiblemente el aburrimiento es una forma de no apropiación de nuestra vida. En las situaciones en que nos aburrimos, no hacemos propias las posibilidades de aprender, enfrentamos las situaciones de aprendizaje porque se supone que debemos hacerlo, porque es lo que corresponde hacer, pero no logramos hacer de esas situaciones algo auténticamente propio. Esta emoción consiste en una suerte de desapego que obviamente nos impide aprender. 

  

 

No aprendemos con la mente

Enviado por Mario Valdivia el 09/12/2005 a las 10:04
Mario Valdivia

Agradezco y aprecio lo comentarios a los posts de aprendizaje. Tenemos todos experiencias en las que vemos que el miedo a no (poder) aprender es una emoción que nos cierra las posibilidades de aprender haciéndonos malos aprendedores. ¡Super importante para el aprendizaje de nuestros niños! y el propio. Niño que tiene problemas para aprender, ¡OJO! con la emoción del miedo que puede estar presente.

Creo que podemos decir que la razón de fondo de nuestro miedo a no (poder) aprender estriba en nuestra interpretación de que aprender es acumular conocimientos en nuestra mente. Creemos que aprendemos con la mente. Si interpretáramos aprender como un fenómeno de moldeo - de habituación - que le ocurre a nuestro cuerpo en la medida que entra en las prácticas en las que entra, posiblemente no tendríamos razones para temer no (poder) aprender. Reconocemos que nuestros cuerpos son biológicamente muy parecidos unos con otros y sabemos que nuestro cuerpo puede moldearse en cualquier práctica que sea posible para otros si usamos suficiente recurrencia y repetición. Son las mentes, ocultas, inobservables, misteriosas, las que pueden ser muy distintas unas de otras. Nos parece razonable pensar que hay mentes brillantes y hay mentes obscuras, hay mentes rápidas y mentes lentas, mentes hábiles y mentes lerdas etc. ¡Mentes que pueden hacer cosas que otras mentes no pueden!  ¡Y como no las podemos ver no tenemos manera de acabar nunca de pensar de esta manera!

O sea, al final el miedo es posible en el aprendizaje -siempre podemos tener miedo a no (poder) aprender - porque tenemos la interpretación que somos mentes. Que yo soy una (mi) mente. Y que me tocó la mente que me tocó, con las habilidaes y falencias que ella tiene. Y ésta, que los seres humanos somos mentes, es una interpetación histórica vieja, (ver René Descartes) que ya no nos sirve en el siglo XXI cuando tenemos que aprender y reaprender a gran velocidad, y adquirir las habilidades necesarias para hacerlo es algo de importancia fundamental.

 

Miedo en el aprendizaje.

Enviado por Mario Valdivia el 03/12/2005 a las 15:06
Mario Valdivia

Agradezco a quienes han comentando el post anterior. Si, el miedo es una emoción que todos hemos experimentado al aprender; y el miedo dificulta nuestro aprendizaje. El miedo nos hace esconder que no sabemos y nos hace evitar las ocasiones de nuevos aprendizajes en las que podemos lucir mal. Lo que no tenemos tan claro es por qué el miedo está presente en el aprendizaje.

Tenemos miedo a un león que nos enfrenta porque es bien seguro que no podremos escapar de éste y terminaremos muertos o gravemente heridos. No tememos a un zancudo porque es fácil de evitar y aunque así no fuera no nos pasará nada grave, solamente una pequeña molestia. O sea, el miedo consiste en percibir una posibilidad gravemente peligrosa que se abre y no ver cursos posibles de evitación. ¿Cuál es el miedo de aprender? ¿Es lo peligroso que se abre la posibilidad de no (poder) aprender? ¿Es este peligro algo grave porque no (poder) aprender es un daño grave a nuestra identidad? ¿Y no (poder) aprender es algo frente a lo que no hay curso posible de evitación ya que no podemos ocultarlo una vez que estamos en situación de aprender con otros?

¿De dónde viene este miedo? Seguramente es la interpretación que tenemos sobre el aprendizaje lo que hace que creamos que aprender es algo difícil. La posibilidad de no (poder) aprender parece estar siempre presente. Además, no (poder) aprender parece constituir un daño de mucha gravedad a nuestra identidad, daño que no podemos evitar  si otros perciben nuestro no (poder) aprender. Parece ser que la habilidad para aprender y la inhabilidad para aprender definen en gran parte quienes somos. Si aprendemos, decimos que somos inteligentes o hábiles. Si no aprendemos, decimos que somos lerdos o torpes. Sabemos que estas caracterizaciones definen de manera muy definitiva el ser que somos. Y partimos de la base que quien aprende soy yo.

¿Pero que pasaría si interpretáramos aprender como moldear nuestro cuerpo? ¿No como algo que yo hago sino que como algo que le ocurre a mi cuerpo cuando se somete a ciertas acciones repetidamente? Saber algo sería simplemente tener ciertos hábitos adecuados. En este caso, aprender dependerá exclusivamente de la cantidad de prácticas que repetidamente desempeñe nuestro cuerpo hasta crear los hábitos necesarios. Y como nuestro cuerpo es más o menos tan plástico como cualquier otro, siempre aprenderemos.  Aprender no podrá definir nuestra identidad ni más ni menos que saber caminar o saber manejar las manos lo hacen.

En esta interpretación, el miedo es una emoción fatal para aprender. Porque al alejarnos de las ocasiones de aprendizaje, el miedo aleja nuestro cuerpo de lo único que necesita para aprender: las acciones repetidas en las cuales moldearse. El miedo sería una causa fundamental de que aprender nos cueste.

Mantengo la invitación a todos los que se interesen en el aprendizaje a enviar sus comentarios. Me interesa también que nos preguntemos por otras emociones, además del miedo, que sean negativas para aprender.