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El estado de ánimo que acompañaba la situación en Chile hace 30 o 35 años atrás y sus secuelas posteriores era muy distinto al de hoy. Había un ánimo de franca desesperación por la situación que enfrentaba el País; todas o casi todas las partes involucradas tenían la convicción que la situación de Chile no daba para más; seguir tal cual resultaba inaceptable. Desesperación que incubó ánimos de resolución de acción radical - en todas las partes involucradas.
¿Cuál es el estado de ánimo dominante hoy? Si decimos que Chile no participa de la invención del mundo, ¿en qué estado de ánimo recibimos esta afirmación? Si decimos que Chile salió de la marginalidad para abrir paso a la posibilidad de la mediocridad, ¿qué ánimo acompaña este nuevo horizonte histórico que visionamos para el País?
¿No domina acaso un ánimo de resignación?, - "qué le vamos a hacer, no se puede más", "no pidamos demasiado", "no nos autoflagelemos aspirando a lo imposible". Y, como la resignación no quiere aceptarse como tal - resignada -, inventa historias para justificarse, sentir que tiene toda la razón y, por ende, poder tranquilizarse. Hay una razón que los chilenos nos damos sistemáticamente para justificar nuestra resignación casi como un reflejo condicionado: "es que somos un País pequeño". Con eso creemos ubicarnos en la liga de a los que se exige poco y a los que mucho se celebra por poco.
¿No es ésta una estrategia que conocemos bien en el huaso ladino? Cuando alguien le cree al huaso sus reiteradas muestras de que es lerdo, ignorante e insignificante, el huaso sabe que va acumulando puntos a favor. Y esta estrategia tiene más pergaminos: ¿no se hacía Hamlet el loco para no ser tomado en serio como alguien peligroso? El riesgo obvio de esta estrategia es que, de tanto repetirla, nos creamos el cuento. Nos creamos lerdos, insignificantes, nos envuelva una bruma informe de mixtura de lo real y lo imaginado. Los chilenos no nos hacemos los chicos, nos creemos chicos. Y con eso basta para tranquilizarnos frente a cualquier resignación e impotencia.
¿Es chico Chile? Los estándares de comparación obvios son la población y quizás la superficie. Bueno, en términos poblacionales Chile es casi equivalente a Australia y es más grande que: Austria, Suecia, Suiza, Dinamarca, Bélgica, Finlandia, Noruega, Irlanda, Nueva Zelandia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Grecia, Portugal, Serbia, Israel, Singapur. ¿Qué tal? Y en términos de superficie, Chile se ubica en el lugar 37 de 248 países, con mayor área geográfica que cada uno de los países de Europa y que todos los llamados tigres asiáticos, exceptuando China.
¿No es evidente la conclusión que el "tamaño" de Chile no constituye argumento alguno para evitarnos la posibilidad de tener ambiciones históricas como Nación?
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Los economistas, casi todos, están de acuerdo que Chile puede crecer económicamente entre 4 y 5 % anualmente en promedio en los próximos años. Así, podremos alcanzar un ingreso por habitante de 20,000 dólares el año 2020, duplicando el nivel actual en 15 años más (y no para el bicentenario como sostenían hace poco tiempo atrás). ¿Está bueno este ritmo?, ¿No se puede más rápido? ¿No nos da para más?
Podemos decir entonces que Chile se dirige a ser un País desarrollado en 15 años más porque, como dicen los economistas, 20,000 dólares por persona al año corresponde a un nivel que se considera desarrollado. ¿Es bueno esto? ¿Existen lugares geográficos en el mundo que tienen este nivel de ingreso por habitante pero que no tienen en si nada especial? ¿No se nos ocurren muchos lugares, algunos estados, en Norteamérica que son así, inclusive algunos viejos países de Europa? (¿Cuántos más existirán el año 2020?, a fin de cuentas todos están creciendo, so sólo nosotros).
O sea, ¿podemos alcanzar lo 20,000 dólares por habitante el año 2020, pero no ser nada especial - ser una pura y simple mediocridad más en el mundo? Recuerdo que poco tiempo atrás hablábamos de Chile como el país estrella del siglo XXI. No estamos hablando de lo mismo, ¿no?
¿Cómo se define mediocridad?. ¿Qué tal si decimos que la mediocridad en el siglo actual consiste en no participar de la invención del mundo? Que los actores nacionales sean aplicados y tempranos seguidores de los manejos empresariales y de negocios, de las prácticas políticas y de los nuevos estilos culturales que el mundo inventa no nos hace más que mediocres en un mundo donde el juego fundamental es la creación incesante de nuevos valores. Entonces, no contar en el juego de la invención del mundo, sino que contar solamente como un administrador competente de las nuevas realidades que se inventan, en eso consistirá la mediocridad.
Hace 30 o 35 años atrás, Chile era algo marginal en el mundo. Pobre, - miserable - analfabeto, desnutrido, inculto, bruto. No contaba en el mundo para casi nada. Ya no estamos en esa. Pero, después de años de tanta división y tragedia, ¿vamos de la marginalidad a la mediocridad? ¿Para eso fue todo, tanta pasión y afán de sacrificio, tanta vida entregada?
¿Basta para constituir a un País el nivel del ingreso por persona que alcanza? ¿O define esto solamente el nivel económico que alcanzan los habitantes de un lugar geográfico determinado? ¿Qué consecuencias tendrá para la soberanía nacional llegar a ser un espacio económico con cierto desarrollo económico pero mediocre?
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Escucha Atisbando # 39.
Actúo con múltiples motivaciones (o sea, puedo dar múltiples interpretaciones de lo que motiva mis actos).
Acepto que tengo - y todos tenemos - deseos e intereses y que ellos motivan acciones de mi parte. Normalmente mis intereses y deseos me llevan a actuar en el mercado libremente intercambiando, comprando y vendiendo, consumiendo, produciendo, etc. El que entendió bien este tipo de motivaciones fue Adam Smith (S XVIII), y también lo que éstas generan como organización de acciones colectivas o sociales.
(¿Le dan significado a mi vida este tipo de acciones y motivaciones? No me parece. He mirado centenares de obituarios (abundan en El Mercurio) y a ningún muerto despedimos celebrando sus habilidades para satisfacer sus deseos e intereses. No decimos en un discurso ante un ataud que el que ahi está fue muy exitoso. Tal vez es porque sabemos que, como mortales que somos, nadie puede realmente ser exitoso. Y, aunque dedicamos buena parte de nuestra vida a satisfacer nuestros deseos y a cuidar nuestros intereses, verdaderamente parece que eso no nos permite entender el mundo y nuestro estar en él como algo pleno de significado).
También observo acciones mias - y de otros - que no son motivadas por mis deseos sino que más bien corresponden a acciones motivadas por obedecer la ley, por moverme de acuerdo con lo que la ley establece. Pago mis impuestos, me abstengo de apropiarme de lo ajeno, pago mis deudas, tengo comportamientos civilizados que se preocupan de no agredir ni ofender gratuitamente a nadie, busco no sacar partido de otros en los márgenes de la ley, tolero lo que no me gusta si está dentro de la ley, etc. Y se que no hago esto motivado por el deseo o el interés de evitar ser castigado por infringir la ley; lo hago porque tengo la interpretación que si nadie cumple la ley no hay sociedad civilizada posible y hago mi parte, con la razonable expectativa que los demás hagan la suya. Considero que la ley es justa porque trata a todos por igual y que ha sido el resultado de una decisión que nos ha involucrado a todos los ciudadanos.
Podemos llamar a este tipo de motivaciones motivaciones basadas en la interpretación razonable que es mejor vivir en sociedad que en guerra permanente de todos contra todos. Es parte de lo que podríamos llamar una conducta racional -pongo mi parte para que el todo funcione bien para mi y para todos. Este tipo de motivaciones forma la base del liberalismo político y fueron investigadas- asi como sus consecuencias sociales - por filósofos iluministas (S XVIII) - y han sido sistematizadas en el presente con toda claridad por John Rawls.
(¿Le dan sentido a mi vida estas acciones? También creo que no lo hacen. En los obituarios, nadie es celebrado solamente por haber sido un buen ciudadano y cumplir la ley. Quizás es lo mínimo que esperamos de nosotros mismos: convivir. ¿Pero convivir para hacer qué con mi vida? )
Leo a San Pablo (Corintios 1, 13) y me doy cuenta que el Cristianismo trajo al mundo un nueva motivación para actuar, actuar por amor. Dice Pablo: El amor todo lo sufre, es benigno; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no se envanece, no hace nada insebido, no busca nada a cambio, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, sino que se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor nada espera a cambio - no tiene nada que ver con ciudar mis deseos e intereses en el mercado donde todo se espera del cambio. Tampoco el amor actúa a la expectativa de la actuación de los demás - el amor todo lo espera, pero no depende de expectativa alguna, soporta cualquier acción de los demás sin irritarse.
¿Qué es el amor? Sacrificio, compromiso incondicional; dar la vida por, como nos dice Pablo que hizo Jesús Cristo. El amor no consiste en cumplir la ley, en cuidar mis intereses, en ser razonable. Actuamos motivados por amor sacrificándonos - sacrificando la vida si es necesario -; acciones con las cuales la interpretación que nos lleva a entendernos como seres interesados o seres racionales - razonables - no se siente cómoda. Y no es éste un mandamiento excesivo inventado por un visionario idealista: una Iglesia de 2000 años lo predica, y tiene mártires de sobra para demostrar que hizo carne en muchos. Veo hoy a otros tantos que están dispuestos a dar la vida por sus hijos, otros consagran su vida a La Patria, otros continúan queriendo ser mártires de su Dios. ¡Rara locura!
Pero, ¿no es esta locura precisamente lo que da significado a nuestra vida? Son los actos de amor y los sacrificios lo que destacamos en los obiturios. Parece que solamente sabemos lo que significa la vida cuando sabemos por qué estamos dispuestos a darla. Parece que sólo sabemos quienes somos cuando sabemos qué nos compromete, qué amamos, por qué nos sacrificamos. Nosotros, los que venimos arrstrados por esta corriente histórica que el cristianismo trajo al mundo, damos sentido al mundo con el sacrificio.
(Agradezco al libro de Paul Kahn - Putting Liberalism in its Place - [libro recomendado por Fernando Flores, el mejor lector que conozco], por producirme la apertura necesaria para entender realmente el amor y el sacrificio como fenómenos constitutivos de mi -nuestra- historia).
Me pregunto: y nuestros actos políticos - votar, militar en partidos, ejercer de representante político (senador, diputado, edil), elegir una ciudadanía o nacionalidad -, ¿cuál de todas estas motivaciones tienen? ¿Qué supone el ciudadano representado de las motivaciones de sus representantes?
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 Continuamos nuestra conversación sobre comunicación sentados en un café. Tú pediste dos cafés expreso al mozo, el que regresó - presto - con los dos cafés, los tomamos celebrando la calidad del brebaje, pagamos y estamos a punto de pararnos e irnos. Entonces, nos ponemos a examinar la comunicación satisfactoria que hemos tenido con el mozo; especialmente a observar todo lo que ya - antes siquiera de entrar al café - tenemos coordinado con el mozo, que normalmente no observamos y damos por presupuestado, y sin lo cual la comunicación no puede establecerse.
Aparecen ante nuestros ojos, en primer lugar, los actores: el mozo y nosotros mismos. Ese joven que está ahi parado entre las mesas del café es alguien para nosotros - tiene una identidad: es el mozo que esperamos nos sirva. Nosotros, estas dos personas que entran al café y se sientan familiarmente en una mesa, tienen una identidad para el mozo: son dos clientes a los que debe servir. Esta recíproca interpretación de roles estaba ya coordinada y presupuestada entre las partes y aseguró que la comunicación partiera bien, produciendo el pedido en una de las partes - la que debía pedir - y la recepción del pedido en la otra - la que debía recibirlo. (Cuando este reconocimiento recíproco de roles falla, la comunicación se interrumpe, como cuando le pedimos un servicio a otro cliente. Puede ser jocoso o puede ser trágico) . Osea, estas identidades coordinadas permiten que las preocupaciones mutuas sean coordinadas antes que nada.
Nos encontramos (los clientes) - ya antes de darnos cuenta - sentados en sillas y apoyando las tazas en una mesa. No estamos sentados en las mesas, o en el suelo, o parados, apoyando las tazas en el suelo o en las sillas; el mozo - ya reconocido como tal - circula entre sillas y mesas, no las mueve de un lado a otro para hecerse espacio sino que circula por el espacio disponible, deposita las tazas en la mesa, no en el suelo o en las silla, no se sienta en las mesas, ni siquiera en las sillas, se mantiene parado. O sea, ya nos encontramos compartiendo un mundo completo en el cual hay sillas, mesas, tazas, servilletas, cucharas, (también evaluaciones de higiene presumiblemente) etc., y manejándonos coordinadamente con todos estos objetos. Es un mundo en el cual ya existe el café como un brebaje que las personas consumen, el café expreso (de cierto sabor, a cierta temperatura, en ciertas cantidades etc.), y presumiblemente otros tipos de café, cada variedad con su nombre propio. Este mundo completo - el restaurante que llamamos café - ya existe como espacio de prácticas y comportamientos compartidos entre los que allí estamos. Si este mundo se descoordina entre nosotros, la comunicación se interrumpe o falla: la higiene produce el rechazo de alguna de las partes, o el café resulta frio, o la cantidad inadecuada, o el mozo y nosotros tropezamos con sillas y mesas y cada uno insiste en usarlas de maneras idiosincráticas que no coordinan con el uso de los demás. Etc., etc., la imaginación es infinita para observar las fallas posibles del mundo que ya está ahi y que normalmenmte no falla porque todos nos comportamos competente y juiciosamente.
Finalmente observamos que aunque pedimos que nos "trajeran" dos cafés, y el mozo no nos advirtió que debíamos pagarlos, obviemente ya presuponíamos - todos -que los pagaríamos. Porque, aunque nadie diga nada, ni nos demos cuenta que en el fondo si lo estamos diciendo, apenas entramos al café ya estamos interpretando el lugar como un restaurante comercial, y al café expreso como un producto en venta, dejamos de interpretarnos a nosotros como seres humanos pura y simplemente y nos inbterpretamos como clientes, y al mozo como mozo. Y en todas partes nos comportamos como clientes, no solamente en los cafés, y en todas partes hay personas que nos atienden como clientes. Ya estamos acostumbrados a un mundo de intercambios comerciales, no solamente en los cafés sino que en todas partes. Todas nuestras prácticas - la mayor parte de ellas - las realizamos coordinando nuestras acciones como intercambios. Nos alimentamos mediante intercambios, nos transportamos mediante intercambios, trabajamos intercambiando, nos divertimos intercambiando, etc. Presuponemos los pagos, presuponemos el dinero y ya somos completamente competentes para manejarnos coordinadamente con estos papelitos solemnes que llamamos billetes. O sea, ya antes de todo, compartimos un estilo histórico, una manera de ser histórica, somos todos seres que vivimos en el mercado intercambiando para hacer casi todo.
Nos dio un cierto mareo al ver toda la larga historia que traemos al presente en nuestras acciones comunicativas más elementales. Por suerte no tenemos que ir al colegio a aprender todo esto, sino que parece que se aprende solo, al calor de las acciones que vamos tomando desde pequeños, me dijiste.
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La máxima de Goethe, "Cuando dos personas son realmente felices una con la otra, por lo general se puede asumir que se han equivocado", lamentablemente no la conocí a tiempo; aunque también creo que, de haberla conocido, no la hubiera tomado en serio.
Gracias a esa ignorancia, o a esa posible insensatez, tuve todos los queridos hijos con que cuento; lo que me lleva - de una - del lamento a la alegría.
Y también me alegro de lo hecho con más edad - aunque no tanta que todo esto fuera irrelevante -, que me permitió encontrarme hoy con este aforismo como algo familiar y querido.
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 Miro los escaparates, practicando una de las distracciones comunes que tenemos todos a nuestra disposición. Dependiendo de la luz solar, de la luminosidad general de cada hora, los escaparates reflejan mejor o peor la mirada que quiere transparentarlos. Asi me encontré inesperadamente con una nítida imagen de mi mismo en la vitrina de una tienda de ropas.
Por una fracción de segundo vi mi imagen como una aparición del pasado, de un pasado quizás muy inmediato pero pasado, como alguien ya hecho, como alguien presente incambiable en si mismo, con una clara percepción de algo del pasado hecho presente. Ese que ya está ahi - me dije - no puedo cambiarlo yo ahora aunque tenga ganas, ese ya fue. Y mi ser se hizo presente visiblemente frente a mi yo como algo dado que no puedo cambiar: ya está ahi. Una paz especial me envolvió, y una cierta compasión.
Paz, por entender que nada puedo hacer con ese que ya fue hecho y moldeado, ese que está ahi parado mirándome de vuelta. A ese que está ahi, si soy razonable, solamente puede aceptarlo. Y he llegado a una edad en que se como no permitirme impaciencias sin fundamento. Compasión, quizás por lo mismo, ¿qué otra relación me puede atar a ese que está allí? Verlo hecho, ya constituido y moldeado por la historia que he sido, más allá de todo propósito de cambio inmediato, ¿no ayuda a evitar ánimos poco solidarios y compasivos, ánimos de insatisfacción que ya nada pueden corregir? Asi, que ver al ser histórico que soy ya hecho, incambiable, es un buen remedio para la peor enfermedad: no aceptarme a mi mismo. (Montaigne asi la califica en alguna parte)
Y al mismo tiempo, me llena la convicción de estar frente a un ser abierto a cualquier transformación. Si una historia lo hizo, una nueva historia lo puede re hacer. Pero no hay espacio para la manipulación, la astucia y la impaciencia: sólo una nueva historia lo puede cambiar. Pero el cambio ocurrirá con total certidumbre.
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 Estuve releyendo algunas de las cosas que me publicaron hace unos meses en el blog Recuperando Libertad y - ¿saben? - me gustaron. Especialmente las dos o tres notas que se inician con PASADO y pasado y YO y yo.
Pero hay algo que no está bien. El ser moldeado que soy - moldeado por un pasado muchas veces oscuro para mi mismo, (oscuro para yo) -, que actúa automáticamente y que muchas veces me sorprende a mi mismo (sorprende a mi yo con sus acciones)- no puede ser llamado YO. Encuentro que es corrrecto decir que El PASADO es más grande que el recuerdo y el olvido que tengo yo - que se me hacen presentes a mi mismo - y que este PASADO produjo un ser de hábitos cuyas acciones e interpretaciones son independientes de mi yo y de las razones e intenciones que yo digo que tengo. Pero este ser moldeado no tiene nada de lo que caracteriza especialmente a lo que llamamos yo - no tiene subjetividad, no tiene "conciencia de si mismo", que es algo esencial del yo. Es un agente - produce acciones - pero no es un sujeto. (Esta distinción se la copio a Bourdieu). O sea, mejor no llamarlo YO.
No es un yo grande, ni un super yo, ni un infra yo. No tiene nada de yo. Actúa, produce acciones e interpretaciones pero no tiene subjetividad. Agente humano pero no sujeto humano.
¿Cómo llamar a este ser habituado en su PASADO que soy? El lenguage, obviamente diría un linguista, se hace cargo de alguna manera de esta distinción. El lenguage distingue entre "yo" (el que estoy en este momento ante la conciencia de mi mismo dieciendo lo que digo) y "mi ser" (que aparece ante mi como algo externo que yo puede observar desde un cierto desapego, desde "afuera"). (Esta distinción se la copio a Kahn). Entonces lo que llamaba YO, prefiero llamarlo mi agente, o el ser que soy, o el agente que soy. Estoy seguro que es más correcto.
(El mono es de Jonathan Rosen)
(Además, escribiendo esto demuestro que este endemoniado, si bien no habla lenguas, si lee a autores lenguosos)

Te miro y te respondo. Podría no hacerlo, nadie me obliga a responder nada a nadie.
 ¿Por qué te respondo? Quizás porque a mi me interesa conversar de comunicación, me siento competente para hacerlo y me gusta que me reconozcan esa competencia al hacerme ese pedido precisamente a mi; o porque me gusta sentir que soy un tipo educado que no deja de responder a la gente, salvo que no pueda; o soy el tipo de persona que se siente obligado a responder si se dirigen a ella. Ahora, no te quepa la menor duda que tú me produces algo de interés, quizás me gusta que hayas sido tú precisamente quien reconozca mis competencias en este terreno; y también algo de confianza, la suficiente como para tomar tu pedido en serio, o sea, supongo que eres una persona a la que le interesa la comunicación; o, si te respondí una broma, es porque no confío que tu pedido sea serio; al menos no supongo que me quieres hacer daño con tu pedido, en tal caso seguramente no te repondería. Te repito que no me eres completamente indiferente y lo que ya conozco de ti me interesa lo suficiente como para responderte. O sea, ya te tomo a ti por alguien, y ya me tomas a mi por alguien.
Tengo muchas respuestas a la pregunta ¿qué es la comunicación?. Respuestas largas para interesados en estudiar las teorías del habla y la comunicación, respuestas breves - quizás irónicas - para quienes - sospecho - más bien tienen solo curiosidad, respuestas comprometidas para quienes creo que están sufriendo problemas de incomunicación; y muchas otras. Así que te observo, quizás te pregunte algo como ¿por qué te interesa? y te escuche, o simplemente, como ya te conozco algo y seguramente ya veníamos hablando con anterioridad, me imagino que algo te interesa a futuro, que hay algo que necesitas saber para hacer, más adelante, algo de mejor manera que lo que te ha resultado hasta ahora. Me largo por uno de estos lados, y tú me escuchas.O sea, ya creo saber qué preocupaciones tienes con la comunicación. Y tu interés me interesa.
Pero, antes que nada, ya ocurre que nos encontramos hablando y tú te dirijes a mi con tu pregunta. ¿Cómo ocurrió que ambos nos estemos hablando de esto? Seguramente o me conoces hace tiempo o no eres el tipo de persona que se cuida de sus encuentros casuales; y yo también. Y si nuestro encuentro fue casual y reciente, ¿cómo es que llegamos a conversar tan rápidamente de la comunicación?, ¿no conversa uno de temas menores -"small talk" - en los encuentros casuales? O quizás tú y yo pensamos que un encuentro siempre produce algo potencialmente valioso y seamos el tipo de persona que es más bien abierto y sin cortapisas con la gente. En tal caso, seguramente ni tú ni yo hemos sido educados en círculos muy exclusivos o cerrados, ni pertenecemos ambos a redes sociales que sintamos muy distintas - ya hay una cierta familiaridad que nos permitió crear rápidamente una cierta intimidad. O talvez me hiciste este pedido después de mucho tiempo de conocernos, incluso después de mucho tiempo de saber que me dedico a la comunicación - quizás porque eres el tipo de persona que no quiere admitir debilidades delante de sus conocidos -, o quizás porque yo, a pesar que te observo hace tiempo comunicándote con dificultad, no te he ofrecido ayuda hasta el presente. Quizás soy el tipo de persona más bien indiferente que se preocupa de no ser tomado por impertinente inmiscuyéndose en lo que no le piden. O sea, nuestra forma de ser social finalmente nos condujo a este encuentro y a tener esta conversación.
Mira todo lo que hemos ya coordinado antes de responderte atinadamente tu pedido: nuestras identidades, nuestras preocupaciones, nuestros modos de ser sociales. Entonces, te respondo.

No me es imposible admirar a Chile: cuando declaro mis impuestos por Internet, cuando encuentro conexión de banda ancha en Lago Verde, cuando viajo por la Costanera Norte, cuando me tomo en serio ciertos rankings internacionales, cuando veo lo que han hecho muchas empresas.
No es difícil irritarse con Chile: llame al 104, escuche a ciertos políticos culpar a sus operadores, trate de entender lo que le cobran las tarjetas de crédico de las casas comerciales, escuche la TV, vaya a seminarios en latín en Casa de Piedra.
Pero experimentar amor por Chile, con lo conmovedora que es esta experiencia, ¡tas quees fácil! Sólo tengo que ponerme en el lugar adecuado, aunque no siempre lo hago. Y cuando lo hago: ¡oh imprescindible sorpresa!
Fui a la Expo Mundo Rural en el Parque Intercomunal de la Reina - actual Padre Hurtado - y ahi está el Chile que amo. Lo mejor de la economía familiar campesina exponiendo sus productos. Una familia aymara de Camarones vende sus quesos de cabra - presentados primorosamete, con grandes fotografías de sus tierras verdes enclavadas en la quebrada desértica de Tarapacá, fotos de generadores de electricidad eólicos y solares que energizan todas las tareas. Otra familia encabezada por una enérgica mujer de razgos diaguitas vende verduras y frutas orgánicas - las frutillas son puro perfume y sabor desaparecido de las pintosas frutillas industriales - de Huatulama, en la cordillera de Ovalle, sobre el rio Hurtado.
Una pareja joven, con aspecto algo hippy, del valle de Huasco, de Vallenar hacia arriba, vende unas originales velones de colores hechas de cera de abeja y tierras de colores cordilleranas. Una familia completa de San NIcolás cerca de Chillán - imposible confundirlos con gente de otra parte: caras anchas, ojos algo dormilones, sonrisa ancha y luminosa, ojos pícaros - vende queso de oveja - que resultó puro sabor denso, inmejorablemente acompañado con un vino Cabernet Carmenere que vende padre e hijo de Rincón de Mellado -Talca - en medio de bromas delicadas pero sabrosas a los futres que compran. Una familia alemana de Purranque vende mermeladas. Otra, con apellido italiano, presenta sus licores especiales. Otra, mapuche de Panguipulli, vende quesos y condimentos exóticos. Más allá, alguien vende jabones y cremas naturales; por aca, tejidos mapuches; cerca, tejidos de alpaca; por alla, arrollados y licores, plantas, miel, mermeladas, manjar blanco. Más allá, la amplia red de turismo rural - intensivo uso de internet - extiende sus ofertas de lugares, paseos, alojamientos poco conocidos, aislados, límpios, privados; recibidos como en su casa.
Un mercado familiar campesino con productos sanos certificados. Aqui no se vende artesanía, se venden productos elaborados con procesos semi industriales o industriales de tamaño pequeño, poco intrusivos, adecuados a los recursos que se disponen, a las tierras que se tienen. Y ¡qué! estado de ánimo acompaña al orgullo de la autonomía, al esfuerzo, a la ausencia total de queja, a la aceptación plena de que hay que veneder para que todo esto sirva, a la alegría de cada venta. Un Chile vivo, confiado en si mismo, modesto, trabajador, haciendo su historia cotidiana sin una gota de victimización. Presentando sus productos - su vida - con tranquila seguridad y con la alegría que cada paseante despierta por la anticipada venta.
Seguramente Chile no puede alimentarse solamente asi. Seguramente. Pero obviamente su oferta alimentaria y de productos del campo en general, estará incompleta sin el aporte de estas familias campesinas. Nuestras familias, las familias que muchos teníamos. Por eso la invitación a la exposición dice: Chile potencia agroalimentaria con la economía familiar campesina.
También contribuyen al buen ánimo reinante los puestos de las distintas oficinas agrícolas del estado, y todas las que apoyan desde algún ángulo a la economía campesina. Tenemos 30 mil clientes de éstos, me dice sin disimular su orgullo el Gerente de Micro y Pequeñas del Bancoestado - su tono me dice que seguramente para él este trabajo en el banco no es solamente una pega. Finalmente se muestran también activos y entusistas profesores y alumnos de los centros de emprendimiento y de agronegocios de la U de Santiago y de la U de Chile. Aquí la economía familiar campesina vende y hace negocios.
¡Éste si que es Chile amable!

 Ambientalmente el mundo marcha hacia encrucijadas globales de alto riesgo. En estos días en que está en cartelera la película "Una Verdad Incómoda" de Al Gore, nos ha quedado a todos claro el peligro que significa el calentamiento global de la atmósfera. Esta es una encrucijada.
Hay otras más generales que apuntan al ritmo en que se están utilizando todos los recursos del planeta en el mundo y la velocidad con que muchos de ellos, no renovables, se están agotando; y otros, renovables, que se explotan a una velocidad que sobrepasa su capacidad de renovación. Esta nota en el conocido blog español de ciencias NeoFronteras habla de un informe al respecto por parte de la conocida organización ambientalista World Wild Fund (WWF) que sostiene que la tierra necesitará en 2050 el doble de recursos que los que dispone para sostener los requerimientos de la humanidad en esa fecha.
Cuando escuchamos algo asi, nos quedamos paralizados. ¿Qué podemos hacer los ciudadanos de un país tan pequeño comparado con la magnitud global de estos problemas? Dada la naturaleza global de ellos, nos resignamos rápidamente a una supuesta impotencia nuestra. Pero aqui es donde a mi personalmente me resulta difícil entender los planteamientos de nuestras propias organizaciones ambientalistas y ecologistas locales. Ciertamente el Estado de Chile es una voz en el mundo, y entre las organizaciones internacionales es una voz que sobrepasa con creces la representatividad poblacional que tenemos como Nación (no somos más que el 0,2% de la población mundial). El Gobierno de Chile puede y debe tener una política internacional de activa responsabilidad con respecto a las encrucijadas de alto riesgo que enfrentamos globalmente. Chile puede y debe ejercer un activo rol de liderazgo internacional en esto. Y no hay razón alguna para resignarnos y mantener silencio, hay amplio espacio para movernos políticamente en el mundo.
Es sobre este rol imprescindible que tenemos que jugar internacionalmenmte que nuestros ecologistas y ambientalistas no dicen nada. Por el contrario, en la famosa Declaración del Jardín Chagual, en la que plantearton su plataforma para apoyar a la entonces candidata M. Bachelet no se dice nada sobre la política de liderazgo internacional de Chile sobre el medioambiente global. Sus peticiones corresponden todas solamente a cuestiones locales. Al leer el petitorio, me resultó casi imposible no interpretarlo simplemente como el pedido de un grupo que quiere ser tomado más en cuenta. Son solamente medidas locales de tipo legal que persiguen la construcción de más instituciones estatales ambientales de varios tipos. Esto, unido a una actitud negativa ante desarrollos tecnológicos mundiales, - energía nuclear, biotecnología transgénica - que se contenta simplemente con cerrar las fronteras de Chile a ellas; como si eso bastara para eliminarlas del planeta. Si son tan dañinas para la humanidad, ¿basta con sentirnos bien prohibiendo su presencia en Chile o debemos tomar más responsabilidad por ellas en el mundo? Y como País, ¿podemos darnos el lujo de quedarnos al margen de tendencias tecnológicas que se despliegan y desarrollan de todas maneras en diversas partes del mundo?
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