El estado de ánimo que acompañaba la situación en Chile hace 30 o 35 años atrás y sus secuelas posteriores era muy distinto al de hoy. Había un ánimo de franca desesperación por la situación que enfrentaba el País; todas o casi todas las partes involucradas tenían la convicción que la situación de Chile no daba para más; seguir tal cual resultaba inaceptable. Desesperación que incubó ánimos de resolución de acción radical - en todas las partes involucradas.
¿Cuál es el estado de ánimo dominante hoy? Si
decimos que Chile no participa de la invención del mundo, ¿en qué estado de ánimo recibimos esta afirmación? Si
decimos que Chile salió de la marginalidad para abrir paso a la posibilidad de la mediocridad, ¿qué ánimo acompaña este nuevo horizonte histórico que visionamos para el País?
¿No domina acaso un ánimo de resignación?, - "qué le vamos a hacer, no se puede más", "no pidamos demasiado", "no nos autoflagelemos aspirando a lo imposible". Y, como la resignación no quiere aceptarse como tal - resignada -, inventa historias para justificarse, sentir que tiene toda la razón y, por ende, poder tranquilizarse. Hay una razón que los chilenos nos damos sistemáticamente para justificar nuestra resignación casi como un reflejo condicionado: "es que somos un País pequeño". Con eso creemos ubicarnos en la liga de a los que se exige poco y a los que mucho se celebra por poco.
¿No es ésta una estrategia que conocemos bien en el huaso ladino? Cuando alguien le cree al huaso sus reiteradas muestras de que es lerdo, ignorante e insignificante, el huaso sabe que va acumulando puntos a favor. Y esta estrategia tiene más pergaminos: ¿no se hacía Hamlet el loco para no ser tomado en serio como alguien peligroso? El riesgo obvio de esta estrategia es que, de tanto repetirla, nos creamos el cuento. Nos creamos lerdos, insignificantes, nos envuelva una bruma informe de mixtura de lo real y lo imaginado. Los chilenos no nos hacemos los chicos, nos creemos chicos. Y con eso basta para tranquilizarnos frente a cualquier resignación e impotencia.
¿Es chico Chile? Los
estándares de comparación obvios son la población y quizás la superficie. Bueno, en términos poblacionales Chile es casi equivalente a Australia y es más grande que: Austria, Suecia, Suiza, Dinamarca, Bélgica, Finlandia, Noruega, Irlanda, Nueva Zelandia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Grecia, Portugal, Serbia, Israel, Singapur. ¿Qué tal? Y en términos de superficie, Chile se ubica en el lugar 37 de 248 países, con mayor área geográfica que cada uno de los países de Europa y que todos los llamados tigres asiáticos, exceptuando China.
¿No es evidente la conclusión que el "tamaño" de Chile no constituye argumento alguno para evitarnos la posibilidad de tener ambiciones históricas como Nación?
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