En Atisbando # 57 en POCASTER hablé de Verdades Mentirosas a propósito de la situación de la infraestructura de internet en Chile. Parece bien si no nos preocupamos mucho de los estándares de comparación que utilizamos, pésima si usamos los estándares con sensibilidad.(Está bueno PODCASTER. Hay varias nuevas voces. Destaco aquí algunos programas populares de Radio Duna (como Terapia Chilensis) que pueden escucharse en cualquier momento en podcaster.)
¿Por qué viven tanto tiempo estas verdades que mienten? Porque nos autocomplacen, nos hacen salir bien en la foto, nos tranquilizan y nos ponen a dormir. Invito a mirar este dormir tranquilizado para darnos cuenta que no es uno cualquiera. NO es una pequeña siesta liviana que nos tranquilice frente a un pequeño peligro - o una oportunidad menor - que pasa por ahi sin que nos apercibamos de él. Es mucho más serio que eso: es un sueño histórico, profundo, pesado y pegajoso. Es un sueño que - sistemáticamente - nos impide ver mundos completos nuevos que vislumbran en el horizonte quienes están despiertos, mundos que en muchos casos ya nos están dejando atrás, durmiendo. Es un sueño que sistemáticamente no ve cierto tipo de posibilidades, cierta familia de fenómenos, que son exactamente los que se hacen rápidamente abundantes, significativos y dominantes para el que está despierto.
Muchos decimos que vivimos un momento histórico muy especial, quizás único, en el cual todo se transforma. Pero lo que importa no es solamente percibir esto, lo que interesa es sacar consecuencias de esto. Todo se transforma. Pero no de cualquier manera: un paradigma histórico completo está siendo sustituido por otro a gran velocidad, a velocidad quizás inédita. En el paradigma que va de salida todo se basa esencialmente en el conocimiento. Las cosas se revelan desde el conocimiento necesario para manipularlas. Hay que tener fórmulas, procedimientos, información para actuar inteligentemente en todos los terrenos: para diseñar productos (producción), para anticipar el futuro (predicción), para comercializar (adquirir conocimientos sobre el consumidor), hacer negocios (elaborar un business plan), innovar (incorporar nuevos conocimientos); vivir con inteligencia parece consistir en usar todo el conocimiento posible para hacer un plan estratégico adecuado. Así, la fuente fundamental de poder es la posesión de conocimiento; mientras más exclusivo sea el conocimiento que tengo, más poder tengo. "Información es poder" dice el dicho que lo resume todo. Asi entonces, interpretamos todo lo que hacemos como procesamiento de conocimientos: educar es entregar conocimientos; comunicarnos es transmitir información; etc. Conocer, tener información, es lo central de todo lo que hacemos.Esto es lo que está cambiando a gran velocidad. La red digital global de banda cada vez más ancha está haciendo disponible el conocimiento para todos (los conectados). En el mundo de redes que entra desplazando el paradigma histórico, lo central no es la posesión de conocimiento; el conocimeinto no da poder porque está disponible para todos. Las cosas se revelan desde la infinita posibilidad de rediseñarlas, mezclarlas, personalizarlas - como flujo -, que da lo digital y la banda ancha. La posesión de fórmulas óptimas y procedimientos exclusivos significa bien poco. Educar no puede consistir en entregar conocimientos - están enla red - ; comunicarse entre seres humanos no puede consistir en transmitir información - está en la red. Lo central ahora es la acción en la red, la creación de relaciones en la red basadas en la producción de valor personalizado, valor para individuos y nichos de individuos específicos, y en la creación así de identidad global. En suma, en la capacidad de crear convivencia de calidad y futuros especialmente valosos para otros.
En el paradigma en desplazamiento, la pregunta fundamental siempre es: ¿cómo lo hacemos?. Buscamos fórmulas y planes. En el nuevo paradigma, la pregunta fundamental no es una pregunta, es una invitación: ya que compartimos una intuición y el malestar sobre lo que hay aquí de anómalo, tomemos responsabilidad, inventemos una oferta, probemos, escuchemos, corrijamos - en la red.
Pienso que es fértil mirar el mundo que vivimos como caracterizado por la convivencia de dos tiempos históricos: el futuro de redes digitales que se hace presente rápidamente, el pasado de conocimientos y cosas que persiste quizás rígidamente. Representa una gran oportunidad para Chile: podemos subinos con decisión a las olas digitales y construir un atajo al futuro. Pero es también un gran peligro: quedarnos pegados en el pasado que desaparece. (No sería la primera vez. Desde que - según Ercilla - las tribus mapuche eligieron su nuevo Toqui para combatir a los conquistadores españoles buscando al individuo con más fuerza física, esto viene pasando repetidamente en Chile).
No es nada de difícil quedarnos rígidamente en el pasado si nos embarga el ánimo que en el pasado nos ha ido bien, si hay instituciones que han desarrollado poder y prestigio en el pasado y pensamos desde allí. A los exitosos recientes del pasado, el nuevo futuro tiende a aparecerles como marginalidades: el mundo de las redes digitales como un espacio de jóvenes, de freaks, de juegos irrelevantes, de conversaciones desviadas y sin substancia. Frente a todo eso, desconocido, sospechoso, mejor esperar, PRUDENCIA. Y lo que parece real y sustancioso es lo que está constituido por los fenómenos que sabemos mirar y medir, los estándares viejos (que no parecen viejos sino que razonables, objetivos), los números que avanzan linealmente (al parecer al infinito), los criterios de hace 10 años todavía parecen válidos, (diez años no es nada, ¿cierto?), las fórmulas que parecen condiciones de éxito eterno (unos sabemos que el mercado libre todo lo resuelve, otros sabemos que, gracias a las regulaciones, el mercado si lo resuelva todo).
Personalmente no puedo evitar pensar en los economistas - al menos los criollos - que todo lo tienen ya calculado, piensan en números conocidos, en tasas de crecimiento, en notas SIMCE , en estándares sin ninguna sensibilidad histórica, estándares que parecen válidos más allá de todo tiempo y lugar. Por eso que la infraestructura digital les sparece solamente "un tema más". Una tasa de crecimiento de dos dígitos en conexiones de banda ancha les parece buena porque si, porque es de dos dígitos, sin ver que, si el futuro se nos va en collera con eso, obviamente esos números nada dicen y tienen el efecto de dormirnos. Y todo lo calculan bien, y son gente íntegra. Nos hablan con la seguridad algo arrogante del que sabe correctamente que dice la verdad. Pero son verdades que mienten, aunque ellos no se propongan mentir. Mirados desde el nuevo mundo que viene, están durmiendo y nos hacen dormir a todos. Nos gratifican: son grandes cantantes de canciones de cuna.
Así que preparémonos para vivir en la época traicionera de las verdades que mienten. Y a combatir el sueño profundo que nos autocomplace. ¿Cómo? Una sola manera: inmersión práctica decidida en la red.


Hay malas palabras. Las peores, las más venenosas: palabras que parecen grávidas y plenas, palabras que nos encantan, que producen expectativas - mientras más grandes, más venenosas - pero que vienen vacías, cargando solamente frustración. Palabras que liberan a quien las dice del cargo de haber producido la frustración y permitiéndole cosechar plenamente las buenas expectativas que ellas producen.
Me llama la atención la conducta de las personas; tanto que debo ir al diccionario para ver el significado de lo que hacen. A veces, para confirmar lo que ya pienso. Así, confirmo que indolencia quiere decir ausencia de dolor, insensibilidad. O sea, que 
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