Mario Valdivia

Atisbando 149 en Podcaster.cl

  ¿Inicio del fin de una crisis o inicio del fin de una era?

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Verdades que mienten

Enviado por Mario Valdivia el 19/06/2007 a las 17:41
Mario Valdivia
imagen001.jpgEn Atisbando # 57 en POCASTER hablé de Verdades Mentirosas a propósito de la situación de la infraestructura de internet en Chile. Parece bien si no nos preocupamos mucho de los estándares de comparación que utilizamos, pésima si usamos los estándares con sensibilidad.

(Está bueno PODCASTER. Hay varias nuevas voces. Destaco aquí algunos programas populares de Radio Duna (como Terapia Chilensis) que pueden escucharse en cualquier momento en podcaster.)

¿Por qué viven tanto tiempo estas verdades que mienten? Porque nos autocomplacen, nos hacen salir bien en la foto, nos tranquilizan y nos ponen a dormir. Invito a mirar este dormir tranquilizado para darnos cuenta que no es uno cualquiera. NO es una pequeña siesta liviana que nos tranquilice frente a un pequeño peligro - o una oportunidad menor - que pasa por ahi sin que nos apercibamos de él. Es mucho más serio que eso: es un sueño histórico, profundo, pesado y pegajoso. Es un sueño que - sistemáticamente - nos impide ver mundos completos nuevos que vislumbran en el horizonte quienes están despiertos, mundos que en muchos casos ya nos están dejando atrás, durmiendo. Es un sueño que sistemáticamente no ve cierto tipo de posibilidades, cierta familia de fenómenos, que son exactamente los que se hacen rápidamente abundantes, significativos y dominantes para el que está despierto.

canon.jpgMuchos decimos que vivimos un momento histórico muy especial, quizás único, en el cual todo se transforma. Pero lo que importa no es solamente percibir esto, lo que interesa es sacar consecuencias de esto. Todo se transforma. Pero no de cualquier manera: un paradigma histórico completo está siendo sustituido por otro a gran velocidad, a velocidad quizás inédita. En el paradigma que va de salida todo se basa esencialmente en el conocimiento. Las cosas se revelan desde el conocimiento necesario para manipularlas. Hay que tener fórmulas, procedimientos, información para actuar inteligentemente en todos los terrenos: para diseñar productos (producción), para anticipar el futuro (predicción), para comercializar (adquirir conocimientos sobre el consumidor), hacer negocios (elaborar un business plan), innovar (incorporar nuevos conocimientos); vivir con inteligencia parece consistir en usar todo el conocimiento posible para hacer un plan estratégico adecuado. Así, la fuente fundamental de poder es la posesión de conocimiento; mientras más exclusivo sea el conocimiento que tengo, más poder tengo. "Información es poder" dice el dicho que lo resume todo. Asi entonces, interpretamos todo lo que hacemos como procesamiento de conocimientos: educar es entregar conocimientos; comunicarnos es transmitir información; etc. Conocer, tener información, es lo central de todo lo que hacemos.

Esto es lo que está cambiando a gran velocidad. La red digital global de banda cada vez más ancha está haciendo disponible el conocimiento para todos (los conectados). En el mundo de redes que entra desplazando el paradigma histórico, lo central no es la posesión de conocimiento; el conocimeinto no da poder porque está disponible para todos. Las cosas se revelan desde la infinita posibilidad de rediseñarlas, mezclarlas, personalizarlas - como flujo -, que da lo digital y la banda ancha. La posesión de fórmulas óptimas y procedimientos exclusivos significa bien poco. Educar no puede consistir en entregar conocimientos - están enla red - ; comunicarse entre seres humanos no puede consistir en transmitir información - está en la red. Lo central ahora es la acción en la red, la creación de relaciones en la red basadas en la producción de valor personalizado, valor para individuos y nichos de individuos específicos, y en la creación así de identidad global. En suma, en la capacidad de crear convivencia de calidad y futuros especialmente valosos para otros.

En el paradigma en desplazamiento, la pregunta fundamental siempre es: ¿cómo lo hacemos?. Buscamos fórmulas y planes. En el nuevo paradigma, la pregunta fundamental no es una pregunta, es una invitación: ya que compartimos una intuición y el malestar sobre lo que hay aquí de anómalo, tomemos responsabilidad, inventemos una oferta, probemos, escuchemos, corrijamos - en la red.
Pienso que es fértil mirar el mundo que vivimos como caracterizado por la convivencia de dos tiempos históricos: el futuro de redes digitales que se hace presente rápidamente, el pasado de conocimientos y cosas que persiste quizás rígidamente. Representa una gran oportunidad para Chile: podemos subinos con decisión a las olas digitales y construir un atajo al futuro. Pero es también un gran peligro: quedarnos pegados en el pasado que desaparece. (No sería la primera vez. Desde que - según Ercilla - las tribus mapuche eligieron su nuevo Toqui para combatir a los conquistadores españoles buscando al individuo con más fuerza física, esto viene pasando repetidamente en Chile).

No es nada de difícil quedarnos rígidamente en el pasado si nos embarga el ánimo que en el pasado nos ha ido bien, si hay instituciones que han desarrollado poder y prestigio en el pasado y pensamos desde allí. A los exitosos recientes del pasado, el nuevo futuro tiende a aparecerles como marginalidades: el mundo de las redes digitales como un espacio de jóvenes, de freaks, de juegos irrelevantes, de conversaciones desviadas y sin substancia. Frente a todo eso, desconocido, sospechoso, mejor esperar, PRUDENCIA. Y lo que parece real y sustancioso es lo que está constituido por los fenómenos que sabemos mirar y medir, los estándares viejos (que no parecen viejos sino que razonables, objetivos), los números que avanzan linealmente (al parecer al infinito), los criterios de hace 10 años todavía parecen válidos, (diez años no es nada, ¿cierto?), las fórmulas que parecen condiciones de éxito eterno (unos sabemos que el mercado libre todo lo resuelve, otros sabemos que, gracias a las regulaciones, el mercado si lo resuelva todo).

Personalmente no puedo evitar pensar en los economistas - al menos los criollos - que todo lo tienen ya calculado, piensan en números conocidos, en tasas de crecimiento, en notas SIMCE , en estándares sin ninguna sensibilidad histórica, estándares que parecen válidos más allá de todo tiempo y lugar. Por eso que la infraestructura digital les sparece solamente "un tema más". Una tasa de crecimiento de dos dígitos en conexiones de banda ancha les parece buena porque si, porque es de dos dígitos, sin ver que, si el futuro se nos va en collera con eso, obviamente esos números nada dicen y tienen el efecto de dormirnos. Y todo lo calculan bien, y son gente íntegra. Nos hablan con la seguridad algo arrogante del que sabe correctamente que dice la verdad. Pero son verdades que mienten, aunque ellos no se propongan mentir. Mirados desde el nuevo mundo que viene, están durmiendo y nos hacen dormir a todos. Nos gratifican: son grandes cantantes de canciones de cuna.

Así que preparémonos para vivir en la época traicionera de las verdades que mienten. Y a combatir el sueño profundo que nos autocomplace. ¿Cómo? Una sola manera: inmersión práctica decidida en la red.

Malas palabras

Enviado por Mario Valdivia el 08/06/2007 a las 20:43
Mario Valdivia
Hay malas palabras. Las peores, las más venenosas: palabras que parecen grávidas y plenas, palabras que nos encantan, que producen expectativas - mientras más grandes, más venenosas - pero que vienen vacías, cargando solamente frustración. Palabras que liberan a quien las dice del cargo de haber producido la frustración y permitiéndole cosechar plenamente las buenas expectativas que ellas producen.

Una de las palabras que encuentro más venenosa es la constituída por los términos igualdad de oportunidades. Para que se pueda cumplir y llevar a cabo lo que dice se debe saber qué constituye una oportunidad que las personas enfrentan en la vida, cómo observar las oportunidades, como caracterizarlas y, si queremos igualarlas, debemos poder medirlas. ( Nunca falta un economista que dice que se pueden medir y calcula números, me dice el Endemoniado de Chillán, que a veces mira mis borradores) Y los ejemplos que ponen los partidarios de la igualdad de oportunidades son siempre tan pueriles e infantiles que sospecho que dudan de la inteligencia o de la buena fe de los que preguntamos.

Ejemplo típico: supongamos una carrera que enfrentan en pistas contiguas dos competidores. Si las pistas son del mismo largo, del mismo material, y hay jueces imparciales que miden la partida y la llegada, esa es una carrera en la cual se garantiza la igualdad de oportunidades. Problema del ejemplo: en la vida no se pueden descontextualizar tal fácilmente unos juegos de otros, en la vida los juegos tienen historia, tienen pasado. En la vida existen las contingencias, estamos sujetos a la suerte y ¿alguien sabe cómo igualar la suerte? (Igual se puede, me dice el Endemoniado que diría un experto financiero. Pero es su manera de ser irónico; yo se lo que piensa de este tipo de gente.)

Si se miran estos ejemplos típicos, podemos ver que ellos sólo pueden surgir de un pensamiento de trasfondo liberal extremo; un discurso que concibe el mundo social como una colección de individuos compitiendo unos con otros. Cuando se señala que este tipo de organización no puede ser justa puesto que no todos parten compitiendo en condiciones igualitarias, el liberalismo que quiere ser justo, que quiere ser progresista, inventa la igualdad de oportunidades. Pero entonces, cuando se garantiza la igualdad de oprtunidades, obtiene un gan premio, el premio mayor: ahora si que puede decir que los ganadores son aquellos que merecen ganar, ahora si que puede justificar moralmente el ganar, revestir al ganador con virtudes morales y al perdedor como carente de las virtudes requeridas.

No creo nada de esto. Igualar oprtunidades es una quimera venenosa. Ganar es muchas veces solamente cuestión de suerte y no necesariamente expresa virtudes admirables.

Prefiero la palabra solidaridad. Nada promete, simplemente nos carga con una tarea, con una obligación de construir una comunidad, un nosotros que cuida de si mismo. Declaremos nuestro deber cuidar el ser colectivo y declaremos también especialmente que vamos a evitar que los perdedores de los juegos económicos de la vida , los poco afortunados, no sufrirán costos demasiado grandes ni demasiado irreparables de sus derrotas. O sea, declaremos que nos interesan también los resultados de los juegos - no solamente la quimera de igualar las "condiciones de entrada" a ellos y así poderles atribuirles justicia trascendente. Declaremos que mantendremos la común pertenencia por igual en la comunidad a ganadores y perdedores y evitaremos que una posible escisión de virtudes ganadoras y perdedoras destruya la comunidad.

Sobretodo no tengamos temor de dar más a quienes más han perdido, a quienes más dificultades parecen tener. En este sentido, la solidaridad no teme a discriminar. Así lo hacemos de hecho en nuestras familias. Sabemos que algunos necesitan más que otros y no nos tranquilizamos con la quimera de darle a todos las mismas oportunidades. ¿Es tan difícil imaginar que podemos construir una sociedad asi?

(El Endemoniado sabe que es más cómodo pregonar la igualdad de oportunidades que la solidaridad - aunque sabe también que es una pura quimera -, así que en este punto se aparta de mi borrador y, sin decir pio, hace mutis silenciosamente. Se me ocurre que no quiere comprometerse y crearse lios. Pienso que tienden a ser políticamente correctos los endemoniados)

Descarga o escucha Atisbando # 56 AQUI .

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Indolencia

Enviado por Mario Valdivia el 01/06/2007 a las 11:23
Mario Valdivia
Me llama la atención la conducta de las personas; tanto que debo ir al diccionario para ver el significado de lo que hacen. A veces, para confirmar lo que ya pienso. Así, confirmo que indolencia quiere decir ausencia de dolor, insensibilidad. O sea, que indolente es quien no se deja conmover, quien no siente dolor.

Percibo que hemos recibido verdaderas clases magistrales de indolencia estos días. Ante el desastre que los derrames de petróleo de un ducto de la ENAP en Talcahuano ha significado para centenares de pescadores artesanales de las caletas aledañas - carecen ahora de su medio de trabajo y sustento habitual -, un vocero de la empresa sostiene que "se están investigando eventuales responsabilidades". Eventuales, como si el petróleo se hubiera derramado por sus propios medios en el mar y el daño enorme producido a personas modestas fuera algo ocurrido en otro planeta, completamente desconectado de la rotura del ducto de marras.

Se nos ha informado oficiamente ayer que si no hay recursos adicionales para el TranSantiago, los que deben ser aprobados por el congreso, el "sistema por si mismo" va a provocar un alza de las tarifas en julio. Y casi puedo ver una encogida de hombros. Un verdadero exceso, le pareció a este endemoniado; y eso que ya estoy acostumbrado a oir hablar, no del sufrimiento y la incomodidad humillante de millones de pasajeros diariamente, sino que de números, estadísticas, contratos y tecnologías - de los que se puede hablar sin sufrir conmoción.

También me di por informado en la entrevista del habitual programa televisivo de los días domingo en la noche que nuestro encargado nacional de finanzas no considera que el desastre financiero de ferrocarriles merezca conmoción alguna de su ser: ¿será que considera que la plata no es suya? Nada logra quitarle la sonrisa impávida de su cara, le dijo un enrevistador, aun cuando se le recuerda la cuantiosa inversión hecha en una hermosa nueva estación ferroviaria de Pto Montt, la que no será utilizada nunca.

Me digo que quizás la burocracia es el campo donde surge la indolencia. Porque obviamente no puedo creer que sea alguna falla en el alma o en el sistema sensitivo de esta gente lo que le impide sentir dolor. (Como buen y auténtico endemoniado, desconfío de las explicaciones sicológicas - creo más bien en las posesiones, confesables o inconfesables). Es la burocracia - pienso - esa gran creadora de redes de irrealidad, de ocasiones oscuras que nos conmueven, de sensibilidades inconfesables, de ansiedades impresentables; la burocracia que me divide entre yo y mi rol.
 
La burocracia deflecta la sensibilidad de las personas - me digo. Nos convierte en personas afectadas por una conmoción pero una conmoción que no queremos dejar aparecer, que queremos a toda costa ocultar: el miedo. Nada nos conmueve al lado del miedo, no el dolor por el dolor de los que sufren y los que pagan sin justificación, solamente el miedo de  hacerlo mal, de tomar responsabilidad honestamente, de comprometernos, de reconocer sin tapujos lo que se ha hecho mal y responder. Y el miedo es de todas las emociones la que más nos avergüenza, la que menos queremos dejar traslucir. Entonces la impavidez y la indolencia que la disimulan a como de lugar.  Entonces la insensibilidad a todo lo demás: sólo me dejo conmover por el miedo de mostra el miedo que me embarga.

El miedo, concluyo, puede hacer verdaderos monstruos de todos nosotros.

Atisbando 54