Creer que las ideas son cosas que tenemos en la mente con las que podemos simular el funcionamiento del mundo exterior es una creencia peligrosa: puede convertirnos en malos aprendices que terminan auto- absortos en sus propias resignaciones. Pueden ir al artículo (1) anterior.
Pero hay un peligro más sutil y más solapado, cree haber averiguado El Endemoniado. Me espera agazapado en el lugar en el cual las ideas son producidas, y consiste en creer que las ideas aparecen simplemente en la mente como burbujas que surjen en la superficie de un líquido. Debido a que creo que las ideas son inmateriales, que no tienen corporalidad, es fácil creer que ellas puedes surgir espontáneamente desde ninguna parte, desde la nada. Contrasto con lo que, por el contrario, se que ocurre en el mundo de las cosas materiales, en el cual cualquier cosa que existe proviene de otra; si algo surge es causado por otra cosa, y nada se produce desde ninguna parte. Pero en el mundo de lo no material, en el mundo del pensamiento, ¿por qué voy a estar sujeto a esta fatalidad? Éste parece ser un mundo sin inercia, en el cual se que se puede ser creativo y que puedo inventar nuevas ideas literalmente desde la nada. Ideas verdaderamente innovadoras, inéditas, nunca antes vistas, originales en todo el sentido de la palabra. Obvio.
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El Endemoniado de Chillán, después de un prolongado silencio, cree haber descubierto ciertas verdades valiosas que quiere comunicar. Ve sus manos llenas y quiere descargarse. Cree que hablar de estas cosas bien puede valer la pena en Chillán.

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